Opinión

[OPINIÓN] El Mundial era, antes que nada, una competencia para definir al mejor del mundo. Punto. Durante años bastaban dieciséis selecciones: las mejores. Cada cuatro años, y después de una ardua clasificación que duraba más de dos, se juntaban en un país, jugaban entre sí y salía un campeón de verdad. No un sobreviviente de una maratón televisiva patrocinada por aerolíneas, casas de apuestas y bebidas energéticas.

El de 2026 tendrá cuarenta y ocho selecciones. En tres países. Con Haití, Curazao, Nueva Zelanda y, siguiendo la lógica, pronto Andorra, las Islas Reunión y algún archipiélago del Pacífico Sur con menos habitantes que jugadores convocados. Todavía no clasifican, pero calma: ya encontrarán un cupo humanitario.

Uruguay 1930 tuvo trece selecciones y quedó en la historia. De 1934 a 1978 fueron dieciséis. Ahí estaban Pele Eusébio, Beckenbauer, los Charlton, y Cruyffny. España 82 subió a veinticuatro y ya hubo críticas. Francia 98 llegó a treinta y dos, formato que todavía conservaba cierta dignidad competitiva. Pero la FIFA descubrió que más partidos equivalen a más televisión, y más televisión equivale a más dinero. El fútbol quedó como excusa; el negocio pasó a ser el protagonista.

Porque, sinceramente, ¿alguien quiere ver Haití contra Argentina? No es desprecio a Haití, que bastante tiene encima. Es simple sentido común: eso no es un partido, es un trámite migratorio con pelota. Lo mismo con Irán contra Estados Unidos, vendido como “duelo geopolítico”, para terminar en noventa minutos donde todos rezan para que nadie lance nada más peligroso que un córner.

Y Nueva Zelanda… bueno. Clasifica desde una confederación donde la competencia real suele ser contra islas que usan el fútbol como actividad recreativa entre semana

El campeón saldrá de donde siempre sale: Brasil, Argentina, Francia, Alemania o España. Eso no cambia con cuarenta y ocho equipos. Lo único que cambia es el tamaño del decorado, la cantidad de vuelos internacionales y el agotamiento de jugadores que llegarán fundidos a las fases decisivas después de recorrer medio continente.

El resto será relleno: grupos extraños, partidos previsibles y primeras fases donde ya sabemos quién gana antes de que el árbitro revise el VAR.

Y encima no estará Italia. Cuatro títulos mundiales. Parte esencial de la historia del fútbol. Una mesa elegante sin vino ni postre. Pero en su lugar aparece Curazao. La FIFA ya no distingue entre patrimonio y relleno mientras ambos vendan derechos de televisión.

En fin. Este año quizá me dedique al hockey sobre hielo. Al menos ahí todavía se disfruta el para qué sirve clasificar.

 

P.D.

y siempre con el perdón de algunos amigos quienes creen que este Mundial no es una payasada… y que probablemente también votaron por Porky. Buon Giorno 🇮🇪

[PUNTO CRÍTICO] Las irregularidades del 12 de abril le dieron una excusa más a RLA para hacer su escandalete, pero en absoluto fueron la causa principal. Semanas antes de las elecciones, cuando las encuestas lo daban a la baja, RLA decía que las encuestadoras estaban compradas porque sus encuestas privadas le daban 25% o más. Después del 12 dijo, sin ninguna evidencia, que las irregularidades fueron intencionales, que le hicieron perder 1 millón y medio de votos, y que le “habían robado el voto” a miles de peruanos. Pero cuando esto no prendió, pasó a criticar las mesas rurales de la serie 900 mil porque las personas que viven en pueblos aislados no saben votar, que una ONG había manipulado a esas personas para que voten por Sánchez, y que por lo tanto todos los votos de esas mesas debían anularse. La gente de RLA ha llegado a decir que lo de las mesas rurales es una farsa porque la ONPE las ha creado incluso en Lima Metropolitana (claro, confundieron ‘Lurigancho’ con ‘San Juan de Lurigancho’, pero en fin). ¿Qué tiene diablos tiene que ver esto con las irregularidades del 12 de abril? No tiene nada que ver, obviamente. RLA tenía planeado gritar ‘fraude’ desde antes de las elecciones, buscando cualquier pretexto. Con o sin irregularidades habría hecho su escandalete igual, por lo tanto, las irregularidades no son la causa, y consecuentemente Corvetto y la ONPE no son los culpables.

Claro, alguien podría objetar que la incompetencia de la ONPE contribuyó al escandalete, justamente porque se dejaron usar como excusa, y en ese sentido son al menos parcialmente culpables. No estoy de acuerdo. Primero, aquí hay un claro tema de énfasis y sensacionalismo, porque los comentaristas no dicen que la culpa principal sea de RLA y solo parcialmente de la ONPE. Lo que dicen, bien molestos, es que la culpa es de la ONPE (sin mencionar a RLA). Lo segundo es que asignar culpas de esa manera es un poco ridículo. Pongamos un ejemplo un poco dramático, pero lamentablemente muy cercano a la realidad: Llega el esposo borracho en la noche. La esposa se había comprometido a cocinar tallarines rojos, pero se quedó dormida y no lo hizo. El esposo se pone violento (como siempre) y arma un tremendo escándalo. Gritos, vasos rotos, golpes. Llega la suegra, mira a la esposa y le dice: ¡Por qué te quedas dormida pues! ¿No sabes que mi hijito se pone violento? ¿No sabes que mi Porkyto se pone violento si las elecciones no son perfectas? Y así se la pasa culpando a la esposa, sin mencionar el hecho de que al Porkyto le da absolutamente igual si había o no tallarines para las elecciones pues como ya sabía que iba a perder, había planeado hacer su escandalete de todas formas porque lo único que quiere es hacerse presidente a gritos y patadas.

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.
Fuente de la foto: https://www.babycenter.com/toddler/behavior/your-18-month-olds-behavior-tantrum-triggers_1213796

[ENTRE BRUJAS] En un país donde durante décadas el asesinato de mujeres fue reducido a “crímenes pasionales” o “arranques de celos”, nombrar jurídicamente el feminicidio significó mucho más que incorporar una nueva figura al Código Penal: significó reconocer que la violencia contra las mujeres no pertenece al ámbito de lo privado, sino que constituye una grave violación de derechos humanos y una responsabilidad ineludible del Estado.

En el Perú, el feminicidio apareció por primera vez como tipo penal en 2011 y fue fortalecido en 2013, marcando un punto de inflexión en nuestra arquitectura jurídica. Por primera vez, las mujeres comenzaron a ser reconocidas en el ámbito penal como sujetas de derechos de manera individual, y no únicamente en relación con la familia, la maternidad o la vida conyugal. Este cambio no fue meramente técnico. Fue político, simbólico e institucional.

La tipificación del feminicidio permitió comprender que estos crímenes no responden a hechos aislados ni a impulsos individuales descontextualizados, sino a relaciones históricas de poder sostenidas por la desigualdad de género, la discriminación y la normalización social de distintas formas de violencia contra las mujeres. También permitió que las investigaciones incorporaran elementos antes invisibilizados: violencia previa, control coercitivo, persecución, violencia sexual, amenazas, acoso, hostigamiento o contextos de subordinación. En otras palabras, permitió investigar no solo el hecho, sino también las estructuras que lo hacen posible.

El feminicidio no describe únicamente una muerte; nombra la expresión más extrema de un continuum de violencia que limita la autonomía, erosiona la ciudadanía de las mujeres y, en su forma más brutal, les arrebata la vida.

Las cifras actuales confirman la urgencia de fortalecer —y no debilitar— esta respuesta estatal. Solo en 2025 se registraron 134 feminicidios en el país, y en lo que va de 2026 ya se contabilizan 29 mujeres asesinadas.

Por ello resulta profundamente preocupante que, en este contexto, desde el Congreso se impulsen iniciativas orientadas a eliminar esta tipificación. No se trata de un simple debate técnico ni de una modificación simbólica. Estas propuestas se inscriben en una secuencia más amplia de discursos y decisiones públicas que, en los últimos años, han relativizado la violencia de género, cuestionado avances normativos y debilitado instituciones creadas para garantizar el acceso de las mujeres a la justicia.

Suprimir el feminicidio del ordenamiento penal implicaría desmontar una categoría jurídica construida precisamente para investigar la violencia letal contra las mujeres con enfoque de género y debida diligencia reforzada.

Sus efectos serían concretos: debilitamiento de criterios especializados de investigación, mayores dificultades para acreditar contextos de violencia previa, pérdida de estándares acumulados por fiscalías y juzgados especializados, y una lectura nuevamente neutra de crímenes que, en realidad, responden a patrones estructurales de discriminación. En términos prácticos, ello podría traducirse en mayores espacios de impunidad y nuevas barreras para el acceso a la justicia.

La pregunta no debería ser por qué el feminicidio sigue existiendo pese a su tipificación. La pregunta correcta es qué más está dejando de hacer el Estado para impedir que la violencia contra las mujeres siga escalando hasta su forma más cruel e irreversible. En una democracia que se pretende igualitaria, proteger la vida de las mujeres no es una concesión ideológica ni una agenda sectorial: es una obligación jurídica, ética y civilizatoria. Porque el feminicidio no es el origen del problema. Es su consecuencia final. Y renunciar a nombrarlo sería, también, renunciar a transformarlo.

 

[Música Maestro] En el desarrollo del rock clásico como fenómeno cultural existen, al igual que en otras disciplinas artísticas, deportivas o académicas, lo que en inglés se denomina “unsung heroes” que vendrían a ser, en nuestro castellano, los “héroes anónimos”, aquellas personalidades que, a pesar de haber realizado contribuciones notables, muchas incluso reconocidas en su momento como excelentes, hoy pasan inadvertidos por todos los recuentos y rankings que van de lo obvio a lo repetitivo a pesar de su influencia e importancia, en este caso, musical.

Traffic, la banda inglesa activa entre 1967 y 1974 -con ciertos espasmos en el medio de esa trayectoria de siete años- es uno de esos casos. A pesar de haber sido uno de los conjuntos más importantes de la “Invasión Británica” con impresionantes álbumes que combinaron destreza, creatividad y talento en diversos subgéneros, además de dejar por lo menos cuatro clásicos del rock que no deberían faltar en ningún listado de las mejores canciones de su época, el nombre de Traffic es siempre pasado por alto y su sonido, sofisticado e irreverente a la vez, se ha perdido en un injusto olvido.

Steve Winwood, uno de los cantantes, compositores y multi-instrumentistas más importantes del periodo iniciático del blues-rock producido en Gran Bretaña, cumple hoy 12 de mayo, 78 años. Y Dave Mason, guitarrista, compositor y cantante, habría llegado a los 80 el último domingo de no ser porque la muerte lo alcanzó tres semanas antes, el pasado 19 de abril. Ambos, junto con el saxofonista/flautista Chris Wood y el baterista/cantante Jim Capaldi -ambos fallecidos en 1983 y 2005 respectivamente- fueron la formación original de Traffic. Aquí algo de su historia y legado.

1967: La psicodelia

Entre 1963 y 1967, Steve Winwood se hizo conocido como un adolescente prodigio, tocando guitarra y teclados en The Spencer Davis Group, al que ingresó cuando apenas tenía 14 años. Además, el muchacho era el cantante principal, colocando su potente y maduro tono vocal en tres álbumes y varios exitosos singles, entre ellos dos canciones compuestas por él mismo, I’m a man y Gimme some lovin’, que en años posteriores se convirtieron en genuinos standards del rock clásico, versionados por Chicago y The Blues Brothers, en 1969 y 1980, respectivamente.

Para cuando Steve se separó del grupo dirigido por Spencer Davis, un guitarrista y arreglista que le llevaba diez años -en el que además tocaba el bajo su hermano mayor, Muff Winwood- sus inquietudes musicales lo llevaron a juntarse con gente más contemporáneos con él. Así fue como conoció, en su natal Birmingham, a Dave Mason, Jim Capaldi y Chris Wood, en esas tocadas cargadas de improvisación y otras sustancias. Los cuatro conectaron de inmediato y, cuando llegó la hora de ponerle nombre al grupo, este se les apareció en medio de un problema cotidiano, las demoras para cruzar la esquina hacia la sala de ensayo que se encontraban por culpa del tráfico.

Las primeras canciones de Traffic se inscriben en la onda del rock psicodélico que también comenzaban a hacer, en otras latitudes, los Grateful Dead y los Beatles. Las flautas de Wood y las cítaras de Mason le dan a Paper sun un sonido enigmático y etéreo a este tema grabado en los históricos estudios Olympic de Londres. En el mismo camino fueron Hole in my shoe, Smiling phases y Here we go round the Mulberry Bush. Aunque ninguna de las tres fue incluida en su LP debut, son hasta ahora de las más reconocidas de su catálogo.

1968-1969: El blues-rock

A finales de 1967 apareció Mr. Fantasy (Island Records), el primer disco oficial de Traffic, en el que extienden las ideas desarrolladas en sus primeras grabaciones, con temas de sonido volátil y misterioso como Coloured rain, Heaven is in your mind o No face, no name, no number, mientras que el instrumental Giving to you y, especialmente, la bluesera Dear Mr. Fantasy dan señales de un ligero cambio en la propuesta musical, abriéndose paso dentro de la escena del naciente blues-rock británico, que tenía en los Yardbirds y la escuelita de John Mayall a sus puntas de lanza.

Todo esto ocurría en un ambiente musical anglosajón extremadamente diverso y creativo. El periodo 1967-1968 estuvo marcado por lanzamientos que tenían tanto de esoterismo musical como de luminosidad rockera, entre los que podríamos mencionar álbumes como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (The Beatles), Anthem of the sun (Grateful Dead), Absolutely free, We’re only in it for the money (The Mothers Of Invention) o Their Satanic Majesties request (The Rolling Stones), solo por mencionar unos cuantos. Por eso, cuando Traffic lanzó su segundo disco epónimo, en 1968, las cosas comenzaron a caer por su propio peso.

El álbum muestra una evolución musical interesante que coloca a Traffic a la altura de otros grandes nombres del blues-rock como Cream o Fleetwood Mac. La profunda eficiencia de Winwood en guitarra, bajo y teclados da a las canciones un sonido experto y emocionante. Temas como Pearly queen -cuyo intermedio recuerda a otros hijos pródigos de Birmingham, Black Sabbath- o Means to an end tienen la personalidad de Winwood por todos lados. Sin embargo, dos temas semiacústicos, compuestos y cantados por Mason, se impusieron como principales éxitos de esta etapa del cuarteto. You can all join in y, especialmente, Feelin’ alright? -que Joe Cocker llevó a otro nivel de popularidad con su versión de 1969- es Traffic en estado puro. Hasta Mongo Santamaría, el gigante percusionista de latin-jazz, la grabó en 1970 para su disco del mismo nombre.

1969: Primer paréntesis

Dave Mason mostró desde el principio una forma de ser un tanto autoritaria, algo que se reflejó inmediatamente en la dinámica de Traffic. Si bien el 90% de las canciones se desarrollaban en conjunto a partir de ideas que cada uno aportaba, cuando era su turno Mason llegaba al estudio, según recuerda Winwood, “con canciones completas y nos indicaba a cada uno qué hacer, como si nosotros trabajáramos para él”. Eso llevó a su inevitable despido, en buenos términos por supuesto, tras el lanzamiento del segundo LP.

Con la primera disolución de Traffic, Winwood se involucró en otro capítulo importante del rock inglés. Junto con Eric Clapton (guitarra), Ginger Baker (batería) y Ric Grech (bajo), pasó todo el año 1969 ensayando, grabando y presentando uno de los primeros supergrupos de la historia del rock. Blind Faith y su único álbum epónimo -el de la famosa y, en su momento, controversial carátula que muestra a una niña de 11 años- registró temas alucinantemente buenos como Presence of the lord -escrita por Clapton- o Sea of joy y Can’t find my way home, ambas de Winwood.

Ese mismo año, una selección de singles que no habían alcanzado a ingresar al disco Traffic del año anterior, se recopilaron para Last exit, que incluye dos temas más de Dave Mason quien, entre otras cosas, se fue a realizar trabajos en sesiones para The Jimi Hendrix Experience -la guitarra acústica de doce cuerdas de All along the watchtower la toca él- y Delaney and Bonnie. Just for you, uno de los dos títulos de Mason, es una de las mejores del grupo, con un trabajo impresionante de Winwood en el bajo que se replica en dos temas indispensables de la banda, Shanghai noodle factory y Medicated goo, con su contagioso ritmo y esa letra chamánica que simboliza la onda de la época.

En el lado B del LP original, aparecen dos temas de la banda en vivo en el legendario auditorio Fillmore de San Francisco, un blues de la década de los cuarenta, Blind man, y el standard de jazz Feeling good, escrito originalmente en 1964 para un musical británico. Este tema ha sido grabado por todos, desde Nina Simone y John Coltrane hasta George Michael, aunque quizás la versión más conocida por públicos modernos sea la del crooner canadiense Michael Bublé, incluida en su álbum It’s time (2005). El tratamiento que le dan Winwood, Mason, Wood y Capaldi a este tema es simplemente alucinógeno.

1970-1974: El jazz y el prog-rock

En 1970, Steve Winwood pensó lanzarse como solista pero, pero ante la dificultad de encontrar músicos adecuados para las sesiones de grabación, terminó convocando a dos de los tres miembros originales de Traffic -Jim Capaldi y Chris Wood- y se dio forma a la reunión de la banda, a través del que se convirtió en su cuarto LP oficial, John Barleycorn must die, título tomado de una melodía tradicional del siglo XVIII. John Barleycorn es la personificación de un tipo de cereal (maíz Barley) a partir del cual se fabricaban diversas bebidas alcohólicas como cerveza y whisky. En la canción, un clásico del folk británico, se narran las penurias que atraviesa John durante los procesos de siembra, cultivo, cosecha y transformación en licor, utilizando como fondo una evocadora melodía juglaresca que juega con las guitarras acústicas, los vientos y las armonías vocales.

Pero si esta viñeta acústica los acerca a bandas como Thin Lizzy, Jethro Tull y Fairport Convention, también se da una evolución hacia el jazz y el prog-rock, con temas como el instrumental Glad, que abre el disco o Empty pages y Freedom rider, ambas muy frescas y dinámicas, con órganos Hammond, bases rítmicas definidas y la voz de Winwood peligrosamente parecida a la de Peter Gabriel (Genesis). Un año después llegó un extraordinario álbum en vivo, Welcome to the canteen (1971), con un breve retorno de Dave Mason y la ampliación del grupo que pasó de cuarteto a septeto con la inclusión de Ric Grech (bajo), Jim Gordon (batería) y el ganés Rebop Kwaku Baah (percusión).

La etapa final de Traffic, antes de su segunda separación -hasta el regreso veinte años después, en el festival de Woodstock 1994- está conformada por tres álbumes de buena factura. The low spark of high heeled boys (1971) -donde brilla el tema-título, una de las canciones emblemáticas del grupo, a la distancia-, Shoot out at the fantasy factory (1973) y When the eagle flies (1974). Mientras que los dos primeros repiten la alineación del Welcome to the canteen, con excepción de Dave Mason quien ya no volvería a reunirse con sus compañeros, en el último la sección rítmica Grech-Gordon fue reemplazada por David Hood/Rosko Gee (bajo) y Roger Hawkins (batería).

A este periodo pertenece la única grabación en concierto en video del grupo en sus mejores tiempos, un concierto de 1972 en el auditorio de Santa Monica (California), donde vemos a Winwood y Capaldi compartiendo roles vocales y Rebop Kwaku Baah puesto al frente con su arsenal de percusiones. En 1973 apareció otro disco en vivo, On the road, con esta formación, la última del Traffic histórico.

1994: Traffic vuelve al ruedo

En 1977, luego de dedicarse tres años a sesiones de grabación con otros artistas, Steve Winwood inició una exitosa carrera en solitario que lo mantuvo vigente durante toda la década siguiente, con álbumes de excelente recordación como Steve Winwood (1977), Arc of a diver (1980), Talking back to the night (1982), Back in the high life (1986) y Roll with it (1988), con canciones muy populares a nivel mundial -incluso en nuestras radios locales, aun se pueden escuchar temas como Higher love -con los coros de Chaka Khan-, Valerie, Roll with it o While you see a chance– que los nuevos públicos no asociaban al legendario músico que había sido protagonista del pasado.

Jim Capaldi y Dave Mason, por su lado, también tuvieron extensas discografías individuales, aunque nunca con el éxito de su compañero, y Chris Wood se dedicó a sesiones y trabajos como productor hasta su prematura muerte en 1983. En cuanto a los demás colaboradores de la alineación final, Rosko Gee y Rebop Kwaku Baah se integraron, entre 1977 y 1979, a la banda de música experimental Can, aportando mucho más ritmo a la maquinal sonoridad de esta banda que fuera punta de lanza del krautrock, la electrónica y el rock progresivo alemán.

Para 1994, veinte años después de su segunda separación, apareció el álbum Far from home (Virgin Records) bajo el nombre de Traffic, una selección de diez temas nuevos escritos por Steve Winwood y Jim Capaldi, con Winwood haciéndose cargo de todos los instrumentos y voces principales, mientras que Capaldi grabó baterías, percusiones y coros. El disco contiene excelentes temas como Here comes a man, Mozambique o Riding high que se inscriben fácilmente el catálogo de Traffic como un cierre de lujo para una carrera caracterizada por la excelencia musical.

El último respiro de Traffic

La gira promocional de Far from home quedó registrada en el DVD The last great traffic jam, con la alineación de Traffic integrada por Steve Winwood (voz, guitarra, teclados), Jim Capaldi (voz, batería, percusión), un viejo conocido, Rosko Gee (bajo), el cubano-americano Walfredo Reyes Jr., famoso por su trabajo con Santana en esa década (batería) y dos colaboradores frecuentes del camino en solitario de Winwood, Randall Bramblett (vientos, teclados) y Michael J McEvoy (teclados, guitarra, armónica). Jerry García, líder de los Grateful Dead, incorpora su guitarra en una alucinante versión de Dear Mr. Fantasy.

Esta misma formación participó de la edición especial de 25 aniversario del Festival de Woodstock, con uno de los conciertos estelares del tercer día (14 de agosto de 1994) compartiendo escenario con otros pesados como Country Joe McDonald o The Allman Brothers Band. Anunciada como el gran retorno de Traffic, la presentación sirvió para ver a Winwood y Capaldi, entonces de 46 y 50 años, aplicando toda su experiencia y recorrido a himnos de su repertorio como Pearly queen, The low spark of high heeled boys, Empty pages, Rock and roll stew, Dear Mr. Fantasy, Medicated goo, entre otros.

Smiling phases, un CD doble lanzado en el año 1991, es hasta el día de hoy la mejor recopilación de temas de este conjunto de extraordinarios y creativos músicos, héroes anónimos del rock, que cubre toda su actividad entre 1967 y 1974 y permite apreciar en orden cronológico la evolución de su sonido, desde los aires psicodélicos de Paper sun o Withering tree hasta los roces progresivos de Freedom rider pasando por clásicos que no deben faltar en ninguna colección rocanrolera como Rock and roll stew, Medicated goo, Dear Mr. Fantasy o Feeling alright?

 

 

[OPINIÓN] La psiquiatría moderna acaba de recibir un nuevo aporte latinoamericano al conocimiento universal. Después del síndrome de Estocolmo, el síndrome de Peter Pan y el síndrome del impostor, el Perú presenta orgullosamente al mundo el flamante “Síndrome de Porky”.

Se trata de un cuadro clínico-político particularmente complejo, donde el paciente participa voluntariamente en una elección, acepta las reglas, firma los documentos, recorre los canales de televisión, exige debates, reclama garantías democráticas… pero, apenas descubre que otro candidato sacó más votos que él, concluye que el sistema entero fue tomado desde siempre por una conspiración internacional de caviares, marcianos y operadores del Foro de São Paulo.

El fenómeno tiene características muy precisas.

Primero aparece la etapa mesiánica. El paciente pasa meses convencido de que es el elegido. Vive rodeado de aplausos, TikTokers fanáticos y encuestas elaboradas prácticamente en la sala de su casa. La realidad desaparece. Todo confirma su grandeza.

Luego llega el escrutinio.

Y ahí comienza el colapso.

El problema no es perder. El problema es que el universo no haya entendido que él debía ganar.

Entonces aparecen los síntomas: gritos, insultos, amenazas, teorías conspirativas, ataques a la ONPE, sospechas sobre el JNE, denuncias sin respaldo, videos de WhatsApp narrados por un señor con eco de sótano, y largas cadenas escritas íntegramente en mayúsculas, como corresponde a toda evidencia científica seria.

El detalle más interesante del síndrome es su incoherencia estructural.

El paciente denuncia que “la izquierda controla todo”… justo en una elección donde la derecha obtiene la mayor votación nacional. Es decir: el sistema estaría tan perfectamente manipulado que igual ganó la derecha. Pero no la derecha correcta. La derecha correcta era él.

Y ahí está el corazón del trastorno.

No estamos frente a una defensa del voto. Estamos frente a una crisis narcisista de proporciones industriales.

El afectado no cuestiona la legitimidad del sistema porque existan pruebas sólidas de fraude. La cuestiona porque los electores tuvieron la insolencia estadística de no votar por él.

La ciencia avanza. Y el Perú, una vez más, aporta su granito de arena a la historia universal de la infamia.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Voy a tratar un tema de cuya vigencia dudo. Y dudo porque desde hace menos de una década ha irrumpido en el mundo la derecha global libertaria para la cual los derechos humanos significan poco menos que nada. Lo hemos visto recientemente en Estados Unidos con el trato inhumano brindado por los agentes de migraciones del gobierno a cualquier persona que pudiese “parecer inmigrante” y a cualquiera otra que, no pareciéndolo, se atreviese a defenderla o, sencillamente, por cerrarle el paso, sin siquiera proponérselo, a los temibles ICE.

Esto le sucedió el 7 de enero de 2026 a Renée Nicole Good una ciudadana estadounidense de 37 años que, sin querer, bloqueó el camino de los susodichos agentes, y que, luego de ser conminada a sacar su vehículo no fue lo suficientemente perita en la maniobra. El resultado: un agente la ultimó de tres balazos en la cabeza.

Los intelectuales del entorno libertario ya han comenzado a teorizar sobre el tema. Hablan de una Real Politik, en otras palabras, de la ley del más fuerte, o de la jungla, como nuevo paradigma que suplantará a todo el sistema de leyes y constituciones que se han elaborado en Occidente desde el advenimiento de la modernidad política, con la Revolución Francesa de 1789.

En este punto, el cambio paradigmático es absoluto: lo abarca todo. Toda la vida, toda la manera de relacionarnos entre los seres humanos estará regida directamente por las relaciones de poder entre ellos, y prevalecerán siempre los más poderosos . Este marco general es báscio pero recordemos que la Constitución de los Estados Unidos de América, aunque liberal, es también básica. Pareciera que a las bondades del derecho anglosajón les estuviésemos dando la vuelta para justificar el poder ilimitado del tirano.

No caigamos en la ingenuidad, el poderoso ha prevalecido siempre, desde los primeros tiempos de la sedentarización, desde que el hombre supo acumular alimentos y ganadería. Entonces surgieron los poderosos, los que capitalizaron las ganancias en nombre de deidades con las que se comunicaban para controlar lo que todos requerían urgentemente: a la naturaleza, para así asegurar la subsistencia colectiva.

Los marcos legales, las constituciones, la evolución de los derechos fundamentales desde el siglo XVIII en adelante no suprimieron el poder, ni todas las ventajes que otorga ostentarlo. No obstante, mitigaron hasta donde pudieron algunos abusos. Los derechos franceses contuvieron un poco al gigantesco Leviatán cuando intentaba  arrasar con el individuo y con su propiedad; la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se constituyó en una segunda barrera frente a ese Estado: el ser humano, y su derecho a la vida se colocaron en la cima de la civilización precisamente porque Hitler nos deshumanizó como no se han deshumanizado jamás los animales, ninguna especie que se conozca. ¿Qué pasa si hacemos tabla rasa de todo aquello?

Y luego la izquierda cree, como siempre, que el problema es todo de la derecha. Pero esta vez el problema lo comenzó la izquierda. ¿Universalidad o diferencia? Dijeron: la igualdad discrimina. Dijeron: nosotros no queremos ser iguales, queremos un código para cada uno, queremos legislar la diferencia y proteger al vulnerable desde la ley. Se abre, claro, un largo debate que atañe la multiculturalidad, la interculturalidad, los modelos de convivencia democrática de Norbert Bilbeny y un largo etc.

Sin embargo, el progresismo no se quedó allí, sus planteamientos adoptaron pronto tono de denuncia y su praxis política ribetes de una intolerancia y jacobinismo político nunca vistos. Entonces los mismos derechos que hoy pisotea el libertarismo los pisoteó primero el progresismo wokista y los derechos que fueron conculcados por él pueden enumerarse: el derecho a la libertad de opinión, el derecho a la igualdad, el derecho a la defensa, el derecho a la presunción de la inocencia, el derecho al honor y a la reputación y un bastante largo etc. En pocas palabras, a la nueva generación de las redes sociales le valió madres todo. ¿Qué respuesta esperaban encontrar? ¿la de un mundo que dócilmente se entregaba a sus brazos? Así suelen ser los errores de juventud; en este caso, los de un movimiento jacobino que nunca verá la madurez: no se toparon con un mundo dócil,  se toparon con Donald Trump.

Y ahora, a quienes nos mantuvimos en el sentido común, nos queda, en medio de una guerra sin cuartel, que ya se sabe quien ganará, esperar encontrar los adeptos necesarios para colocar de nuevo a los derechos en la agenda mundial, aunque sea un poco. Hace 130 años, González Prada dijo que los viejos debían temblar ante los niños, ¿suscribiría sus palabras al contemplar el mundo contemporáneo?

[OPINIÓN]  Como todos sabemos, estamos ya en campaña de segunda vuelta. Una campaña deslucida y algo silenciosa, con una eterna candidata haciéndose la muertita para que las profundas grietas de su perfil político, caracterizado por la desconfianza y visceral rechazo que generan, no afloren tan temprano; y un candidato que parece desconectado de su responsabilidad histórica, apareciendo por aquí y por allá -con el Curwen, con José Domingo Pérez- pero sin consolidar un posible triunfo, casi como si no quisiera que pase, además de mostrarse incapaz de hacerse cargo, con responsabilidad y empatía, de un evento luctuoso que involucró directamente su liderazgo.

Las respuestas de Roberto Sánchez Palomino frente a la lamentable muerte del político de izquierda y poeta Dante Castro Arrasco (“Dante Andante” para quienes lo conocían), ocurrida durante las actividades de cierre de su campaña de primera vuelta, no han sido satisfactorias por decir lo menos. Más bien fueron evasivas y hasta irresponsables, como dejan ver los testimonios de los hijos del fallecido candidato al Senado por Juntos por el Perú, quienes han levantado la voz, en medio de su inconmensurable dolor, señalando las inconsistencias en las circunstancias de un hecho que, en un partido político medianamente organizado, habrían estado 100% claras.

Además de ese tema, cubierto por varios periodistas -Pedro Salinas y Juliana Oxenford, solo por mencionar a dos de ellos, les dieron espacios amplios a los deudos- hay otro hecho que marca diferencias entre la notoriedad en medios que viene acumulando Juntos por el Perú frente a la de Fuerza Popular, algo que finalmente es positivo para el amplio sector antifujimorista que está esperando el momento preciso para activarse.

Me refiero a la presencia en diversas entrevistas de Antauro Humala Tasso, líder del etnocacerismo. Fúrico con Milagros Leiva, sarcástico con Rosa María Palacios, nostálgico con Carlos Cornejo, Antauro reacciona según la actitud de su interlocutor con una habilidad y autenticidad de las que otros políticos carecen, independiente de que sus dichos estén en la mayoría de los casos más cercanos del disparate que de cualquier otra cosa.

Pero más allá de la personalidad de Antauro, siempre impredecible, divertida y peligrosa a la vez, sus apariciones han traído de regreso a la esfera pública local una palabra que, seguramente, suena arcana para los votantes más jóvenes: el etnocacerismo. El público peruano consumidor de noticias políticas conoció masivamente este término allá por el año 2005, hace poco más de dos décadas, cuando el hermano mayor de Antauro, Ollanta Humala, anunció su candidatura a la Presidencia de la República, la misma que perdió en segunda vuelta frente a Alan García. Pero yo sabía de la existencia de esta ideología que combina nacionalismo con reivindicaciones étnicas andinas e históricas, por un evento fortuito que me ocurrió mientras estudiaba en la universidad.

Quienes se formaron, como yo, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la San Martín durante los años noventa, cuando estaba en Jesús María, recordarán que toda la esquina de las avenidas Brasil y Bolívar estaba ocupada por una cafetería muy conocida, llamada Di Romeo Caffe, que para nosotros era simple y llanamente “El Romeo”. Su salón de estilo tradicional -como el Rovegno o el Berisso- nos servía tanto de sala de reuniones para planificar trabajos de grupo como de centros de conciliación y resolución de conflictos de incipientes parejas, en medio de las clases.

En una ocasión, estábamos yo y una compañera de aula tomándonos un café y disfrutando de una deliciosa tartaleta de fresa, uno de los clásicos del Romeo. En medio de nuestra animada charla, que tenía de esto y de aquello -parafraseando a Denegri-, comenzamos a intercambiar pareceres respecto de un trabajo que nos habían dejado acerca del racismo en el Perú. Corría el año 1994 si mal no recuerdo, ambos apenas acabábamos de cruzar la barrera de los veinte años. De repente, un señor mayor sentado en una de las mesas contiguas pidió, muy educadamente, permiso para conversar con nosotros. Era Isaac Humala Núñez, ideólogo absoluto del etnocacerismo.

Nosotros no teníamos idea de quién era, pero sonaba muy solvente en el tema. Se presentó como abogado y profesor de San Marcos, lo cual abrió más nuestro interés. En pocos minutos, nos habló, por supuesto, de Andrés Avelino Cáceres, del regreso del inca y de la división de las razas. En lo personal, recuerdo que nos impactó mucho, intelectualmente, su uso del término “cobrizo” para describir la raza andina y, desde ese momento, lo incorporé a mi bagaje de conversaciones sobre el tema, en casa y entre amigos.

Al provenir yo de una familia clasemediera limeña, marcada por la fuerte influencia de mi rama paterna afroperuana que ostentaba un profundo e histórico talante discriminador hacia lo indígena, del cual ya me había distanciado hacía tiempo, la descripción me pareció pertinente, precisa y respetuosa. Y ella, cuya procedencia familiar y nivel socioeconómico estaba unos escalones más arriba, también reaccionó positivamente a aquello de lo cobrizo aplicado a la raza india nacional.

Como estudiantes de pregrado de miras elevadas y con algunas lecturas encima, de inmediato entendimos que, más allá de las evidentes excentricidades de su pensamiento, muchas de las cosas que nos dijo tenían un profundo sentido. Tanto así que lo comprometimos para que, al día siguiente, en el mismo café, nos reuniésemos nuevamente, esta vez para entrevistarlo. Cosa que hicimos, con mucho entusiasmo, en el Romeo. Hasta hace unos años, antes de las múltiples mudanzas que hemos tenido, rodaba entre mis cajones un viejo cassette Samsung, esos de etiqueta blanquinegra, de los más baratos, con la voz grabada de Isaac Humala explicándonos sus teorías que navegaban entre lo historicista, los sociológico y lo genético.

Como ocurre con todas las posturas ideológicas no convencionales que pueden llegar a sonar un poco locas, había mucho de romántico y utópico en ese discurso nacionalista, características suficientes para impresionar a dos jóvenes idealistas, con nula experiencia política y un mundo por descubrir. En aquellas grabaciones, el patriarca de los Humala incluso nos habló de sus hijos, de cómo los había formado académica y militarmente para que cualquiera de ellos esté en capacidad de asumir la Presidencia del Perú y hacer realidad el sueño etnocacerista.

En el 2000, Ollanta y Antauro lideraron una rebelión en Locumba (Tacna), en medio de una cadena de hechos que terminaron con la caída del fujimorato. En el 2006, como ya dijimos, postuló en las elecciones generales, en las que también candidateó su hermano mayor, Ulises. Y cinco años después, en el 2011, llegó a Palacio de Gobierno ganándole en segunda vuelta a Keiko Fujimori, la primera de sus derrotas. Pero lo que parecía ser el anhelo cumplido de nuestro amigo don Isaac terminó en una trama tragicómica con su hijo apodado “Cosito” y su rebelde hermano acusándolo de traidor. Las cosas no podrían haber salido peor para las bases fundacionales del etnocacerismo.

Sin embargo, con Ollanta desprestigiado y con el apoyo de su padre, fue Antauro quien asumió la conducción de ese proyecto, aunque ciertamente con un talante mucho más errático y atolondrado que tuvo su génesis antes de la llegada al poder de su hermano, tras los hechos mortales del 2005 de aquel levantamiento conocido como “El Andahuaylazo”. Hoy, luego de casi dos décadas en prisión por ese nuevo intento de rebelión, Antauro y sus huestes etnocaceristas siguen animando la esmirriada escena política local, con estas apariciones que van de la polémica al estigma, de intenciones provocadoras que suelen chocar con sus propias inconsistencias, las mismas que aprovechan sus adversarios para ridiculizarlo más de la cuenta.

A la luz de los hechos, es muy poco lo que se puede rescatar del pensamiento de Antauro Humala, aunque la podredumbre de nuestro sistema partidista exija a veces posturas frontales que dejen atrás la falsa diplomacia y encaren las cosas con ese nivel de agresividad e indignación. Todo lo que vivimos aquel lejano 1994 ha desaparecido: la prédica de don Isaac, hoy de 95 años, ya no alcanza para convertirse en un proyecto real. Ollanta está en la cárcel y Nadine en Brasil bajo la protección de su primer mandatario, Lula. Y Antauro busca reposicionarse a través de su apoyo a Roberto Sánchez, mientras que el líder de Juntos por el Perú, después de utilizarlo para captar a sus correligionarios, ahora intenta hacerlo disimuladamente a un lado.

Mi compañera y yo, casados desde hace doce años, los primeros en escuchar la palabra “etnocacerismo” -después de los alumnos de Isaac Humala en San Marcos y, por supuesto, de su esposa e hijos- siendo aun pueriles estudiantes de comunicaciones, hemos visto la decadencia de la política nacional, del periodismo y del nacionalismo humalista, así como la desaparición de aquellos espacios en que lo conocimos de casualidad.

La esquina de Brasil con Bolívar es ahora un polvoriento tragamonedas con el Romeo sobreviviendo como una fondita casi invisible, de minúscula puerta engullida por los huachafos colores amarillos, turquesas y verdes de las paredes desgastadas por el sol de ese casino, símbolo del despilfarro y el pensamiento mágico. Y la antigua facultad de la Brasil fue demolida hace unos meses para poner en su lugar un inmenso proyecto inmobiliario, actualmente en etapa de excavación, símbolo de la tugurización vertical de nuestra ciudad.

[OPINIÓN] Perú camina otra vez sobre el filo de la navaja. El próximo 7 de junio, el país definirá su destino en una de las finales más ineditas de su historia. En un rincón, Keiko Fujimori, la candidata perpetua de la derecha dura, que busca, en su cuarto intento, sacudirse el estigma del apellido. En el otro, Roberto Sánchez: el hincha de Unión Huaral, psicólogo de izquierda con experiencia como funcionario público, que, hasta hace semanas, era un nombre en la lista de «otros» y hoy es el hombre que tiene en jaque al sistema.

​Un sistema roto por diseño
Cuando todos daban por clasificado a Rafael López Aliaga, la ola del «Perú profundo» empujó al Huaralino Roberto Sánchez del sexto al segundo lugar. El margen fue de infarto: apenas 13,000 votos (un 0.15%) le arrebataron el sueño a la ultraderecha y a una parte de la elite empresarial.

​El dato que debería quitarle el sueño a ambos candidatos es el «Partido del Desencanto»: 2.4 millones de peruanos (15.5%) votaron en blanco o nulo. No hay ganadores entusiastas, solo sobrevivientes de un naufragio.

La guerra de las cifras: Un empate de miedo
​Las encuestas actuales dibujan un escenario de paridad, pero con tendencias opuestas. IEP pone a Sánchez ligeramente arriba (50.8% vs 49.2% en votos válidos), mientras que Ipsos marca un empate clavado en 38%.

​Sin embargo, el diablo está en los detalles. Mientras Keiko ha logrado «suavizar» su rechazo (bajando del 59% al 48% de antivoto), Sánchez está experimentando el rigor de la luz pública: su rechazo subió del 39% al 43% en tiempo récord. El miedo al «salto al vacío» está despertando en el electorado urbano. Su geografía es su fortaleza y su jaula: arrasa en el sur y el centro, pero se desploma en Lima con un 22%. Y la historia puede ser cruel en el Peru, sin la capital, la banda presidencial es muy difícil de lograr.

GANARSE A NIETO ESTA DIFICIL
​Para ganar, Sánchez tiene que dejar de hablarle solo a los convencidos. O buscar una alianza con la izquierda perdedora de la elección. «7 enanos no hacen un gigante» dice un poderoso libro de autoayuda empresarial. Su «techo» de izquierda ya se 😭 alcanzó; ahora necesita pescar en aguas ajenas.

Su única vía es una coalición con el centro moderado: buscar los votos de Jorge Nieto y el progresismo institucional de fuerzas como Marisol Perez Tello y el Movimiento Obras.

Jorge Nieto forjado en la asesoría política en México y en el trabajo con ex Presidentes en la UNESCO, tiene claro su rol. Ser un péndulo sin alineamiento definido, fortaleciendo alianzas exclusivamente parlamentarias, que es lo que cuenta en la política real.

Además un dato clave: más o menos 50% de los jóvenes que votaron por el sol, tienen familias que votaron por López Aliaga. Son de centro derecha. Y otro segmento proviene de sectores progresistas y urbanos, como en Arequipa. Nieto no puede correrse a la izquierda radical con Venceremos. Si no se queda en el Centro, usando pincel a dos manos, se hace el Harakiri. Quién es su aliado con un público electoral similar? El Movimiento Obras, cuyo Secretario General ha trabajado con el en el Ministerio de Defensa en el gobierno de PPK. Serían el fiel de la balanza en el Senado, que hoy por hoy es lo que cuenta.

CIRUGIA PARA UN GOBIERNO QUE GOBIERNE
Para Sanchez ​su reto es cirugía con laroscopia: convencer a una parte de los 2 millones de Limeños que no votaron o votaron blanco a irse con JP. Igual fueron 24% en todo el Peru ME. Para los,votantes urbanos, debe plantear que él es el «riesgo controlable» frente a la continuidad del Pacto Legislativo del Fujimorismo. Para otros, votantes rurales, que el olvido de siglos será revertido con una profunda transformación.

​Sánchez sabe que la CONFIEP y los gremios mineros no van a votar por él, así que su estrategia no es convencerlos, sino contenerlos. Cuestión de hechos y no palabras. Su narrativa debe virar hacia un pragmatismo frío: formalización tributaria, shock de inversiones con resultados sociales en las regiones, reforma radical de la salud y la educación, impulso a las MYPE , a la vital Formalización de la Minería de Oro, alianzas con el sector agro exportador con impulso decidido al sector y acuerdos para mejorar las condiciones laborales de esa industria.

​La hora de la verdad en el Día de la Bandera
​El 7 de junio, día de la Bandera, no se elige solo un presidente, se elige un modelo de supervivencia de la democracia y del país.

Sánchez tiene la oportunidad de su vida, pero también un límite de cristal a los cambios que exigen sus electores. La pregunta es si sabrá romper el vidrio , sin cortarse las manos en el intento. Creería qué si se puede. Si sigue los mandamientos de este Catecismo.

[PUNTO CRÍTICO]  No dudo de que hay personas que realmente creen que ha habido fraude. Su juicio simplemente no pudo contra la avalancha mediática de mentiras. Tampoco dudo que hay personas inteligentes que claramente saben que no lo hubo, pero pretenden que sí para rehacer total o parcialmente las elecciones. Pero hay un grupo que es bien curioso, y que estuvo muy presente también en la campaña fraudista de Keiko Fujimori de hace cinco años. Estoy hablando de personas que, cuando te están dando las supuestas pruebas de que hubo fraude mezclan, en la misma discusión, afirmaciones acerca de lo terrible que sería un gobierno de Roberto Sánchez. Por un lado, critican a Piero Corvetto como si fuera un gran estratega que planeó todo, pero al mismo tiempo se burlan de él por incompetente y, en el mismo aliento, señalan cosas horribles de Antauro Humala (todas ciertas probablemente), y también que Sánchez va a destruir la economía (no dudo de que si tuviera el poder en el congreso lo haría). Pero, al tener estos argumentos mezclados como si fueran todos evidencia del fraude, lo que te están diciendo básicamente es que lo mejor para el Perú es mentir y hacer como si sí lo hubiera habido. Entonces, resulta que si tú señalas que no hay evidencia de fraude, estás apoyando a Sánchez y todo el mal que podría traer Sánchez sería tu culpa. Claramente el argumento está mezclando cosas. Es como si yo reclamara que una lotería es fraudulenta solo porque el ganador va a hacer cosas que no me gustan con la plata que ha ganado.

Algo curioso de estas discusiones es que ocasionalmente brotan extraños momentos de claridad. A veces pasa que, cuando un fraudista te da una supuesta evidencia del fraude (por ejemplo, que las mesas rurales no existen), y tú le respondes que eso es algo que se viene haciendo en el Perú desde hace años, de pronto surge un silencio, como si el aire se hubiera detenido, y en un arrebato de intimidad te dicen: “¿Pero realmente quieres que este huevón sea presidente?” Entonces ahí te das cuenta de que, cuando estos fraudistas se detienen a pensar, se dan cuenta de que en realidad no ha habido un fraude. Y que en realidad están mintiendo. Pero nadie quiere admitir para sí mismo que es mentiroso. Mamá siempre nos dijo que somos buenos y puros de corazón. Este conflicto cognitivo hace que el momento de lucidez se pierda rápidamente. La luz de sus ojos se apaga, y comienzan a repetir de nuevo la misma letanía: “No, es que en realidad las mesas de código 9000…” Este deseo voluntario por tener la mente confundida es la peor herencia que nos están dejando los Trumps, los Mileis y los Aliagas.

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas.
Fuente de la imagen: https://www.telegraph.co.uk/news/science/8327304/AAAS-Out-of-body-experiences-are-just-the-product-of-a-confused-mind.html
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